LA POLITICA EDUCATIVA EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX

LA POLITICA EDUCATIVA EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX

 

León ESTEBAN

Catedrático de la Universidad

de Valencia, jubilado.

 

Mi presencia aquí es deudora de una petición correspondida, amén de haber dirigido, en su día, la primera y única Tesis Doctoral sobre  el P. Miguel Fenollera.

Entrando en materia, y en aras de brevedad, hay que anunciar que la política educativa,

en el primer tercio del siglo XX, es deudora  de los acontecimientos de todo orden de finales del siglo XIX. Conservadores y liberales se van turnando en el poder implantando -legislativamente- los códigos que informan su ideología: Los liberales (krausistas, socialistas y anarquistas) abogan por la “europeización” como medio de regeneración social; los conservadores, por la “hispanización, cuando no, por la “recatolización” Ambos desean la regeneración educativa (escuela-despensa) por vías diversas. Y a la verdad, que la situación no es nada halagüeña: El 56,07% de la población española es analfabeta en 1900; el 42,88 en 1920; y el 23,17 en 1940. La mujer alcanza, a principio de siglo, el 65,89 de analfabetas; el 34,99 en 1920; y, el 28,46 en 1940. Y si esta es la situación cultural de la población adulta, no le va a la zaga la infantil, ya que en 1908 solo el 51,5% de los niños españoles, de 6 a 12 años están escolarizados, y unos años más tarde, (1920) el 59,81%. Todo ello, a pesar de la RO de 1910 haciendo la enseñanza obligatoria para niños de 6 a 12 años.

La cuestión escolar se complica si se atiende a los distintos gobiernos – de signo  ideológico contrario, como se dijo- que rigen el País durante estos años. Monarquía bajo Alfonso XIII, con acontecimientos tan notorios como la Semana Trágica y el fusilamiento de Ferrer Guardia (1909), I Guerra Mundial (1917), Desastre de Anual (1921), Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930); Gobierno Berenguer (1930); II República regida por Gobiernos Provisionales (14-IV-1931/16-XII-1931), Coalición Republicana Socialista (16-XII-1931/12-IX-1933), Bienio Radical Cedista (1933-febrero 1936), Frente Popular (Julio 1936),y  posteriormente,  la  II Guerra Mundial (1939-1945).

Estos acontecimientos de signo político, van determinando otros de carácter pedagógico, prácticamente  de impronta liberal hasta la Dictadura de Primo de Rivera. Recordemos: la creación de la Escuela Superior del Magisterio (1909), Residencia de Estudiantes (1910), Restablecimiento de escuelas laicas y reorganización de la Inspección de Enseñanza Primaria,(1910), Dirección General de Enseñanza Primaria (1911), Instituto-Escuela (1918), Nacimiento de la Escuela Nacional de Puericultura (1923), Creación de la Escuela Social (1925), Creación Secciones de Pedagogía y Patronato de Misiones Pedagógicas (1931), Supresión de la enseñanza de la Religión (1932), y Prohibición del ejercicio de la enseñanza a los religiosos(…).

De 1910 a 1913 el enfrentamiento entre liberales y conservadores tiene como causa la cuestión religiosa, tomando como excusa la enseñanza del catecismo; de 1913 a 1923 el problema es el de la libertad de enseñanza, libertad no deseada –contradictoriamente- por los primeros y defendida por Andrés Manjón en el Congreso Católico de Santiago de Compostela, y reafirmada por los Obispos en su Mensaje al rey Alfonso XIII, abogando por el respeto al artículo 12 de la Constitución, y derechos de la familia y de la iglesia.

Nos corresponde hablar de la política escolar  oficial, y no de la privada, razón por la que, apenas aludimos a la misma. Con todo, será bajo la II República cuando el enfrentamiento entre liberales – en el poder- y conservadores llegue al límite, sobre todo, por la implantación constitucional de la escuela laica. Recordemos que el sector conservador conseguirá en 1909  la supresión de dichas escuelas, mostrando el episcopado español gran preocupación, a la vez que oposición, a  su reapertura  en 1910. Las escuelas laicas serán tildadas de ilegales y antirreligiosas en las múltiples pastorales episcopales: Así Salvador y Barrera en, El laicismo en la enseñanza (1914), o el cardenal Guisasola en su Carta pastoral sobre el laicismo (1915). Pese a los esfuerzos del sector eclesial, con la II República se llegará a la supresión de la Religión (1932) y prohibición  del ejercicio de la enseñanza a los religiosos (1933).  El apoyo del gobierno liberal al ideal educativo de la ILE se fraguó en los códigos de la política educativa socialista, emanada del XI Congreso de 1918 de la mano inteligente de Lorenzo Luzuriaga, y más tarde plasmada por los ministros socialistas Marcelino Domingo, Fernando de los Ríos y Francisco J. Barnés. La escuela laica en la II República, es la escuela socialista, societaria al comienzo, y única al final, antirreligiosa, obligatoria, gratuita, coeducativa, profesional, higiénica, democrática y autogestionaria.

De esta manera, la Religión queda como una opción personal, excluida del currículo cultural estatal obligatorio; y lo que es más grave, la moral no es ya deudora de la Religión, sino de la Ciencia. Se ha abierto el frente de lo que hoy llamamos, llana y simplemente, relativismo. Hoy, la sociedad y  aún la escuela está preñada de las  aristas más consistentes del relativismo. Y alguien lo ha definido como “la tendencia gnoseológica que rechaza toda verdad absoluta”; todo depende de las circunstancias, y, éstas determinan la moral y los valores. Sin duda, la ciencia, mediante el lenguaje matemático, aspira a formular leyes que rigen fenómenos y circunstancias y explican hechos “a posteriori” que desembocan en la realidad. La moral, por el contrario, no se rige por “leyes,” sino por “principios,” que actuando desde  el “a priori,”  originan los actos. La moral, por tanto, tiene su base en normas y reglas de acción aceptadas libremente, regula solo actos y relaciones que tienen consecuencia para otros. A la realidad se le une en paridad, la verdad. De cualquier modo, el acto moral es libre y consciente y está sancionado por una norma y no deja de ser humano al ajustarse a la realidad. Todo acto para ser moral debe ajustarse a la situación, a la realidad y a la norma ética, debe actuar por un motivo, observar la conciencia del fin, saber elegir y tener conciencia de los medios para llegar al fin. Y es que el hombre es un proyecto ético-estético, un hacerse, un tránsito del ser al deber ser y no a la realidad excluyente. Sin duda, la moral está más próxima a la religión que  a la ciencia.

Y si con mayor claridad nos expresamos, deberemos decir  que para el relativismo no hay verdad sino realidad; no existe el valor sino el precio; no hay verdades absolutas ya que todo es relativo. Estamos próximos a la intolerancia y, lo que es más grave, al todo vale. Es posible que la alusión a lo acontecido en una clase universitaria explique mejor el relativismo que todo lo hasta ahora expuesto. Un alumno recrimina a su profesor por explicar con alusiones a verdades y valores absolutos; el profesor sin inmutarse le dice al alumno queda V. suspendido. Esto no es justo responde el alumno ¿No es justo? ¿A qué tipo de justicia se esta  refiriendo V.? Porque yo puedo -según mis valores- suspenderlo. No lo haré porque hay un valor universal que se llama justicia y me lo impide.

 

 


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